Algo pleno de Chile se completa en la UANL

De WikiNoticias UANL

26 de marzo de 2007

“Mucha gente asocia bastante mi nombre con el de Pablo Neruda por haber escrito yo la obra donde él era el personaje central, sin embargo Gabriela Mistral también es recurrente en mi obra", expresó el escritor Antonio Skármeta, en el inicio de la Cátedra Binacional México-Chile.

Hablar de Antonio Skármeta es despertar en la memoria la imagen de carne y hueso de Pablo Neruda. La obra Ardiente Paciencia, reeditada y llevada al cine luego como El Cartero de Neruda, nos desnudó al poeta querido en su cálida intimidad de Isla Negra y sus más humanos anhelos.

“Mucha gente asocia bastante mi nombre con el de Pablo Neruda por haber escrito yo la obra donde él era el personaje central, sin embargo Gabriela Mistral también es recurrente en mi obra, aparece en mi segundo libro de relatos, Desnudo en el Tejado; aparece como protagonista en mi novela La Boda del Poeta, aparece luego en otra novela, La Chica del Trombón, y finalmente en una novela que será película este años, dirigida por Fernando Trueba, El baile de la Victoria, aparece otra vez en una forma muy dramática, a través de una muchacha de 17 años cuyo padre ha sido asesinado durante la dictadura, lo cual evoca el verso de Gabriela Mistral, ...Del nicho helado en que los hombres te pusieron, te bajaré a la tierra humilde y soleada”.

Desde que en 1969 fuera premiado en La Habana con el Premio Casa de las Américas por el libro de relatos titulado Desnudo en el tejado, Skármeta ha vivido una creciente inspiración literaria que se manifiesta en títulos como Tiro libre, Soñé que la nieve ardía, Novios solitarios, y No paso nada. Las letras, la diplomacia, la filosofía y un sagaz sentido del humor, lo han hecho un hombre especialmente sutil ante la existencia humana. Gabriela Mistral revive en su cotidianidad, en la de Chile y el mundo.

“Ella tocó algo que es profundamente íntimo de la vida chilena, pulsó una vena donde el dolor y la desesperación conviven con la ternura, con la compasión; ella es la gran educadora, la mujer dulce con los hijos, es la imagen de una maternidad también dolorosa, a ratos se le llamó divina, a ratos se le llamó santa. En su poesía hay toda una suerte de tremenda turbulencia emocional, un trato de tú a tú con la muerte, una religiosidad, un misticismo, un erotismo extremadamente conflictivo, celos, pasiones desbordadas... y seguramente van a trabajar en ello las personas que participen en las actividades de esta maravillosa cátedra entre la universidad de acá y la de Concepción.”

Cierta vez un Skármeta casi adolescente se encontró con Gabriela Mistral en Nueva York y quedó fascinado ante la presencia de aquella mujer que había acumulado tantas imágenes de la potencia de la cultura clásica, de la cultura bíblica, que sin dejar de mirar lo pequeño tampoco renunciaba a la gran cultura universal.

“Y me permito leer apenas unas pocas líneas de la imagen que tuve de ella. `Le pido que me toque, casi como un acto mágico, quise sentir su vibración... yo era un burgués chileno plagado de ceremonias y sonrisas serviles, perezoso, iletrado, comilón, mi prosa más débil que un agua de lavanda (...) La carne de la vieja Gabriela sabía a naranja, paloma, miga para las aves, que se le aparecían en el regazo, un lecho para abrazar el mundo, hasta el país que no existe, el país de la ausencia que es más ligero que ángel, era de ella esa manera de doblarse el torso, ese su estilo de revolotear el humo alrededor de los pómulos (...) Me tocó decididamente, la mano no le tembló al trepar mi cadera, las uñas se acunaron en las costillas; me estaba gritando algo con las manos, sus muñecas punzaban mi piel como un rastrojo buscando la tierra propicia, no hizo más que enredarme a sus gestos, estaba casi oscuro y un aleteo de ángeles por toda la pieza, una procesión de amigos muertos yéndose al aire con una banda de aldea tocando Verdi, todo era perfectamente doloroso y enigmático, sólo que la anciana quería algo de mi, que era un invierno en Nueva York, que terminaría por darme dinero la mañana siguiente para que le fuese a comprar una bandera.”

Así idealizó Skármeta el encuentro, como si hubiera sido suyo el privilegio de comprar la bandera chilena que envolvería el cadáver imperecedero de la poeta aquel enero de 1957.

Medio siglo después, Nuevo León se convierte en un sitio que eterniza el legado mistraliano, tan lejos de su Chile, pero tan cerca de su alma, y ante el hecho Antonio Skármeta no puede menos que sentirse satisfecho.

“Me pareció muy bien que en la plaza de los poetas allí en la Facultad de Filosofía y Letras, quedaran juntos Pablo Neruda y Gabriela Mistral, como que uno gritaba la ausencia del otro. Después de visitarla tuve la sensación de que algo pleno de Chile se completa en esa plaza. Y siento como punto de inspiración una frase de la obra de Gabriela Mistral que me parece extremadamente enigmática `Deshacedme porque os hice`. Muestra de la certeza de que nos hizo, que entregó una vida para formarnos, yo creo en esa frase ella llama la atención acerca de su prodigiosa versatilidad y el misterio de su poesía que no debemos perder.”

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