Alburero, muy norteño y “bien fajao”

De WikiNoticias UANL

28 de mayo de 2008

El magistral actor mexicano versó muy norteño los corridos de su nuevo material discográfico musicalizado por el Grupo El Tigre de la UANL, y lo hizo bailando al son del acordeón, haciendo suyo el escenario del Aula Magna.

Como preámbulo de esa hora en que estuvo ahí, frente a unas 500 personas, versando corridos norteños, desde la misma tierra del Cerro de la Silla fue “Agustín bajaaaba, bajaaaba a cabaaallo… y lo traicionaron por caaalles de Braaavo…’, cantó muy entonado, con mano en la cintura y simulando tomar una mujer entre sus brazos; ahí, con su pantalón y camisa color negro, peinado hacia atrás haciendo brillar su canosa cabellera, a sus 83 años de edad, sonriente y sin una pizca de pena, Ignacio López Tarso se movió sobre el escenario, frente al micrófono, al son de “Agustín Jaime”.

Y aunque advirtió que “indudablemente no podré darle el tono que le da la gente del norte, y eso no lo voy a hacer, ni lo voy a tratar de hacer, así que ustedes perdonarán lo mal trovado, pero con mucho gusto”, al primer actor le fue imposible no hacerlo bien.

Su capacidad histriónica se hizo presente para interpretar ese personaje que le llevó a grabar corridos en dos discos y, pese a no cantar los corridos, sino más bien versarlos, le bastó ponerse muy “bravo” y “fajao”, para hacer las cosas sobre el escenario, como sólo él las sabe hacer.

El Grupo El Tigre de la Universidad Autónoma de Nuevo León, preparó este 20 de mayo de 2008 con dos corridos norteños el escenario y la ambientación necesaria para, junto con López Tarso, tomar de la mano al público y llevarlo desde el Astrodome, en Houston, hasta Acapulco, Guerrero, de donde salieron los personajes del corrido “Los Tequileros”.

Cuando por fin aparece Ignacio López Tarso en el escenario, el público regiomontano se levantó para ovacionarlo de pié, aún antes de iniciar su recital.

‘¡Ay, cuando yo fui para Houston..! ¡a comprar el Astrodome!’, dijo con un fuerte acento norteño provocando la algarabía de los asistentes quienes gritaban desde el tradicional “ajúa”, hasta aplausos y carcajadas; “¡precio no me quiso dar, y por el Cerro de la Silla… me lo quería cambiar!”, dijo mientras era vitoreado con un “uuuuuy” por el público norteño.

López Tarso entonaba los corridos con aires de norteño desconfiado, de hombre bien “fajao”, el que defiende hermanos, amigos y amores, como aquél que trató de conquistar a una mesera rejega que finalmente, con unos pesos, acabó diciendo, “por este dinerito, hasta te bailo un zapateao”… Así narraba entre los sones del acordeón un López Tarso picarón y alburero, haciendo reír a los presentes, quienes hacían coro al gran actor.

“Las tres tumbas” resultó dramática y sentimental, triste y protagonizada magistralmente por el actor quien aseguró dos días antes en entrevista en AW Noticias, que haber besado a María Félix, la “Doña”, no sólo no fue difícil, sino “riquísimo”. Y lo confesó con singular alegría y riéndose cuando se le recordó la escena donde él le dice a la bellísima actriz mexicana:

“¡Mi generala, se nos acabó el parque, ora qué les echamos!”

Y le contesta la actriz, improvisada:

“¡Pos échenles mentadas, que también les duelen!”

Porque fue ahí, desde la AW de Monterrey, que López Tarso se animó a cantar la famosa estrofa que dice “Agustín bajaaaba, bajaaaba a cabaaallo… y lo traicionaron por caaalles de Braaavo…”, quedando más que claro, como dicen por ahí, que “no canta mal las rancheras”.

Y aunque lo advirtió, no lo cumplió. El magistral actor mexicano versó muy norteño los corridos de Nuevo León, desde el Aula Magna del Colegio Civil Centro Cultural Universitario, la noche del 20 de mayo de 2008, y lo hizo bailando al son del acordeón, haciendo suyo el escenario donde lo observaron más de 500 personas, quienes se dejaron llevar en cada historia, en cada relato, en cada corrido, en cada nota de El Tigre y haciendo prolongado ese aplauso que solamente Ignacio López Tarso fue capaz de provocar en el público norteño, no sólo al final de la función, sino prolongado y merecido, desde antes de empezar.

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