Ahora son los académicos los que están interpretando la realidad

De WikiNoticias UANL

2 de agosto de 2007

El periodista, intelectual y ensayista Carlos Monsiváis participó en un seminario y una mesa redonda bajo el tema de “Cultura y sociedad en el siglo XXI”, en el Colegio Civil, Centro Cultural Universitario.

El periodista, intelectual y ensayista Carlos Monsiváis participó en un seminario y una mesa redonda bajo el tema de “Cultura y sociedad en el siglo XXI”, en el Colegio Civil, Centro Cultural Universitario. Comenta en entrevista acerca de la educación, los intelectuales y el periodismo.

- Una referencia recurrente en su seminario es el hecho del desarrollo de las universidades, y de cómo la visión de la sociedad ha llevado a ver las licenciaturas como un “doble bachillerato”...

La masificación universitaria trae consigo logros y decepciones. La mayor parte de la gente que está participando en todos los niveles ya es egresada de las universidades, antes no era tan frecuente, ahora lo es sin duda. Sin embargo, lo que se ve con precisión es cómo viene ya cierto discernimiento o frustración, al ver que el título [de licenciatura], que antes se pensaba que era el gran seguro de vida, ya no garantiza el empleo. Se da, por un lado, la obligación del título para figurar en la vida pública, por no hablar ya de la vida profesional, donde es imposible circular sin título, y también la decepción que trae consigo el saber que el título ya no es la llave mágica, que el desempleo también le aguarda a los poseedores de certificados de licitud profesional.

-Otra referencia es el hecho de que los académicos han venido a tomar el lugar de los intelectuales públicos…

Los intelectuales públicos no solían participar en la vida académica, y si daban clases lo hacían de un modo excepcional. Vasconselos no daba clases, era director de la biblioteca de México, pero no daba clases. Alfonso Reyes daba cursos, pero no era propiamente un maestro, y así sucesivamente. Además, no se contaba con una industria académica. Esa hiperproducción de textos, esa necesidad de publicar o perecer, es un fenómeno reciente, de apenas unos veinticinco años. Entonces, lo que produce la industria académica es por fin la posibilidad de que los intelectuales tengan un modo de vida que no dependa del apremio del periodismo o de las traducciones; y al ir concentrando la vida académica a los intelectuales, el intelectual público, esa especie que se dedicaba profesionalmente a observar, examinar, interpretar los fenómenos del día, viene a ser una especie en extinción, y hoy se puede decir que son académicos, no intelectuales públicos, los que están interpretando la vida política, social, cultural, religiosa.

-Por otro lado me llamó la atención su comentario de la ausencia de intelectuales de derecha…

Yo hablaba de que en el siglo XX fue notoria la escasez de intelectuales de derecha, entendiendo por éstos a quienes defienden un programa religioso como fundamento de la vida cultural, o quienes defienden las formas del capitalismo salvaje como las necesarias y propias de una sociedad. Ahora no están tan claras o delimitadas las funciones del intelectual de derecha y nadie se asume como intelectual de derecha. Hay un número alto que se asumen como de izquierda, pero es muy difícil encontrar intelectuales que digan “yo soy de derecha” o académicos. La derecha tiene, culturalmente hablando, un cerco de desprestigio y la izquierda no tanto, aunque en los periódicos lo que uno ve son ataques a la izquierda porque no cumple, porque es populista, etc. Pero no tanto ataques a la derecha. Hay referencias desdeñosas, pero no análisis de la derecha, es lo que más escasea. Siento que lo que está pasando es como siempre, que al no asumirse un grupo importante de intelectuales como de derecha le queda a la izquierda decir “éstos son de derecha”, y entonces se vuelve un juego de atribuciones más que un verdadero debate.

-Por otro lado, usted también habló del fin del debate en las publicaciones, para dar paso a la discusión en reuniones.

La democratización del debate me parece un detalle muy positivo. Siempre lo ha habido, pero no como ahora. Lo que llaman polarización, lo que se llamó tan insistentemente polarización en 2006, no era sino el hecho de que se debatía con actitud, con encono, con ánimo obviamente de pleito, la situación política. Yo no vi tanto la polarización como una división tajante de la sociedad, sino como unas ganas de discutir, sin fijarse en las consecuencias familiares o amistosas de ese hecho. Lo que creo es que no hay espacio físico en las publicaciones para el debate. Hay un momento de crisis, una dependencia enorme de los anuncios y una necesidad de disminuir páginas si se quiere que las publicaciones se preserven en el caso de las revistas, o de concederle mayor número de páginas a los anuncios en los diarios. Entonces, no es que no se quiera el debate, tan estrictamente como que no hay espacio donde realizarlo.

-Precisamente con estos cambios en los medios y con la tecnología, ¿cuál es el futuro del periodismo?

El periodismo va a ser cada vez más un hecho ligado a la tecnología. Aunque el periodismo escrito retenga todavía los poderes de la interpretación, el periodismo televisivo va a ser cada vez más el que informe. El 94 por ciento de las personas que se interesan en la política, o que reciben información política, según datos que dieron en la campaña del 2006, lo hacen por la televisión; y sólo el seis por ciento a través de la lectura de las publicaciones. Esto puede disminuir. Me queda claro que, con todo, el poder de la interpretación como razonamiento, como diálogo entre autores y lectores, va a seguir teniendo importancia en la prensa, pero también creo que el avance de los medios visuales y electrónicos va a dificultar cada vez más el tiempo de lectura dedicado a la prensa y la condición mental que se requiere para leer artículos, ensayos, que sí se ha visto afectada por las imágenes.

¿Entonces cuál sería el reto de los periodistas ante este nuevo lector de publicaciones?

Volver irrefutablemente ameno su trabajo, sin que en la palabra “ameno” se filtreen las concesiones o las puerilidades. Ése es un gran reto.

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